Soy una chica moderna asfixiada por la modernidad, cada día quiere estar mas flaca y sacrificar por ello su felicidad, me gusta tener en el mp3 bandas desconocidas porque creo que soy lo suficientemente idiota como para creerme así tan libre, siendo en realidad tan esclava. No me gusta la ropa que usan todos porque sé que siempre te la terminás comprando, y me siento muy torpe cuando pienso porque creo que en realidad solo pienso la forma de no pensar. Me entristece mi debilidad para leer, y hayo bastante absurdo cuando me trago en una peli las lágrimas por puro orgullo. Me gusta decirle por favor al colectivero, y creer que alguien por escucharme lo hará también. Me gusta subir mucho el volumen de mi mp3, creyendo que alguien va a escuchar mi canción y se sorprenderá, pero la realidad es que a nadie le importa, y que curiosamente, nunca supe por qué, nunca tuve uno de esos mp3 que hacen que escuches el sonido de los auriculares desde la otra punta.
A veces me molesta llegar a destino y bajarme del bondi, si está fresco y el sol me daba por la ventanilla, pero cuando está tan lleno de gente, prefiero caminar bajo un puto diluvio.
Algunos días me siento felíz por nada, y voy por la calle mirando flores, contando las nubes, enamorándome de los perros y los gatos y encontrando encantador el movimiento de la gente tranquila y cantando cualquier canción felíz de los who, la casa azul, de niza o bossa nova, o la banda de turno, como si todo hubiera salido bien, pero basta conectarse con cualquier cosa, para acordarse de que no. Es extraño eso de despertarse enamorado de la vida e irse a dormir llorando, algunos días solo quiero caminar y tengo mucho que estudiar, y cuando no tengo nada que estudiar, nunca tengo ganas de salir.
Tengo un costado triste, de sentirme bien cuando me siento algo débil y enferma, sentir fiebre en los cachetes me encanta, especialmente si los enrrojece... tal vez así me sienta menos repulsivamente pálida por un rato, y el malestar físico te hace sonrreír, porque por fin un malestar tiene solución, una sobredocis de medicamentos es una típica salvación. Pero nunca tomo remedios, porque me parecen una mentira, excepto las pastillas para los vómitos en los viajes largos y el ibubanol para los días en que soy un sapo masticaovarios.
De más chica odiaba el sol, y hoy es un motor para mí. Cada día me asusta más la noche, porque me hace sentir muy sola, aunque a veces esté con mil personas.
Me gusta escribir, me gusta pintar y me gusta tocar la guitarra, pero nada de lo que me gusta hacer lo sé hacer.
A veces doy mi vueltas, y en las vueltas me harto de mis vueltas, y me vuelvo explosivamente concreta. Nunca voy a entender por qué con mis consejos puedo convencer a mis amigos, pero jamás puedo convencer ni una milésima parte de mi misma. El costado triste de todo es que el salvador siempre salva pero nunca sabe cuándo será salvado, y yo soy de esas personas que nunca pudieron escuchar un buen consejo (Y me gustaría aclarar que nunca me consideré ni me considero una salvadora, por si eso se entendió, pero quería re-afirmar una realidad externa a mí, como para por un segundo, no hablar tanto de mí), y el mundo es enfermante, y la humanidad es asfixiante, y no hay nadie ahí que me ayude a encontrarme a mí misma.
Cuando me veo a mí hablando tanto de mí, me doy ganas de vomitar, soy un patético ser narcicista que hace de sus problemas LOS problemas, como si fueran realmente serios, al fin y al cabo un eterno desamor y un autoestima destrozada es moneda corriente. Para que la gente realmente respete tu dolor se te tiene que morir alguien o quedar en la calle, enfermedades y desempleo, eso que todos los días sale en los diarios.