El suicidio es la opción de los domingos por la tarde mirando por enésima vez Juego de Gemelas en el canal de aire, con una taza de café bien cargado y una lluvia que ya se había anunciado cuando volvíamos a la madrugada, empapándonos de llovizna sobre nuestros cuerpos borrachos, por avenida Corrientes en Viernes , y en falencia, y en decadencia.
El suicidio es pensar en que quizás mañana todo lo que ahora escribo en presente sea en pasado...
tomábamos cerveza...
bailábamos cualquier canción...
nos reíamos de cualquier cosa...
íbamos a fiestas en las universidades...
caminábamos por cualquier sitio...
Quizás en un departamento roto, triste, gris, acordándome de mis amigos, de nuestra perecedera juventud, cuando nos vestíamos de colores y con la ropa rota y nos sentíamos rebeldes por gritar en los colectivos, cuando nos enojábamos por los chistes del otro y lo solucionábamos tomando vino, cuando nos imáginabamos ese ahora que no es ahora si no mi proyección del futuro expresada en un equívoco presentismo barato.
Quizás con nadie a mi lado, un par de gatos, o algún tipo de pareja alienada, escribiendo sobre las vueltas que solímos dar, los paseos que nunca parecían cansar, de nuestras interminables noches de debates, de los besos arrepentidos y los repetidos, de los amores que nos mataban y los que nos cansaban, de sexo trucho y rápido en cualquier lado, de escondernos en las esquinas para fumar, o de cuando todo parecía explotar, y era como una burbuja enorme que se agrandaba cada vez más hasta que alguno decía : PLOP
y las carcajadas se despedazaban como música estridente en el vecindario, conocido o no.
Quizás esté acordándome de cuando las tardes se desvanecían en el parque, o de cuando no podíamos medir la cantidad de birras que tomábamos, de cuando nos cruzábamos en bici o camindando por avenida Caseros, o quizás inlcuso trate de contar todas las veces que fuimos al kiosco de siempre a comprar algunos vinos, de las navidades y noche buenas amanecidas sobre adoquines, los cordones de vereda en los que nos sentamos, de cuando las noticias y las preocupaciones eran las parejas nuevas o perdidas, los secundarios terminados o comenzados, las carreras en progreso o desprogreso.
El suicdio, sería, quizás, en el fondo de todo esto, simplemente sentarme a acordarme mientras mire la TV y vea las nuevas generaciones y lamente todo, porque todo pasado siempre fue mejor, porque quizás estaré yo en ese sillón leyendo el diario, y ni el socialismo ni el anarquismo habrán triunfado, ni nuestra pareja favorita se habrá casado, ni los amores de mi vida me habrán querido, ni mi intento de banda habrá concluído, ni mis dibujos habrán mejorado, ni estaré desarrollando investigaciones sociológicas, ni todo esto que escriba tendrá mucha resonancia más que en un montón de olvido en la cabeza.
El suicidio es una bola de cristal.