Llenaron de dedos el sol, quemaron la primavera, la última foto salió mal y todo el rollo se veló.
Eso leyó Américo antes de irse a dormir, algo hacía ruido en el jardín, quizás un tigre o quizás el mismo gato que todas las noches custodiaba su cuarto de los ratones asesinos de las más pesadas pesadillas, como esas dónde se despertaba y todo era igual que ayer, como lodo inmutable o como los siglos de basura que se acumulaban en el terreno baldío de en frente de su casa, solo un viaje en bici a la panadería era la medicina de cada angustia matutina.