Qué pelotudéz es odiar a los wachiturros
digno de un forro cuya alma nunca descansa
se le retuerce de envidia y snobismo
en la guerra interna por no salirse nunca de su vanaglorioso sueño
dónde se disputan como espadas borrachas los nuevos ídolos del underground
hasta que se hagan totem entre tan desértica fragilidad
entre tan desértica flacidez espiritual
como una filosa periferia interna que los va volviendo recortes
recortes de un esquema antiguo y aburrido
lánguido y prehistórico
porque ellos nunca serían como los wachiturros
porque los wachiturros vibran, se mueven
son como la epilepsia
como las masas ardientes que bailan histriónicas
golpeadas por la fugacidad del sonido moderno
como coloridos seres lumínicos que titilan en nuestros ojos hasta enceguecernos
y siempre estarán moviéndose
y siempre estarán fluyendo
mientras esos despectivos humanos van secando sus pieles hasta morir engangrenados
como iguanas en una bañadera.
Programación de diciembre de 2018
Hace 7 años

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