Los modernos de lentes oscuros y botas lustradas, nuestras bicis gastadas y la ropa regateada, estamos siempre pensando en la gravedad y la ultravelocidad, nos sentimos marcianos asfixiados pero parcialmente perdonados por nuestra vulgar moral, a la gente que nos mira a la gente que nos niega, a ellos cada día le dedicamos cada logro, a ellos cada día les sonreímos con sorna y nos escurrimos entre sus dientes, casi tan imperceptible que jamás habrían llegado a entender a dónde estábamos yendo.
El portal viejo de un local dónde se escurren los rayos otoñales, miran ojos abiertos las obras de hombres muertos, libros van , libros vienen,y en el medio de este diluvio nuestras mentes abrumadas, algo así se siente ser los hijos de la nueva era, dónde quizás no me vengan a golpear por opinar, porque estarán ocupados tramando algo mucho peor, más sutil. ¿Quién levantará el teléfono por las mañanas si un día desaparecieras y yo estuviera acá buscándote otra vez, como todas las tardes, para salir al parque a charlar? Y a dónde se irían todos mis amigos si mañana la legión de los robots gigantes nos atacara sin decirnos nada.
¡MOMENTO! Ellos están pero ya se fueron, ellos resignaron todo, ellos optaron por merendar todos los días una cucharada de radiosintonía, ellos optaron por pensar que la radioactividad es el peor mal, ellos hoy optaron por decirme que estoy sumergida en una crisis existencial, y ahora nuestros ojitos bordó ¿A dónde miran? tanta calma nos inquieta, tanta inmovilidad nos da vuelta, nos trastorna, nos trastoca y a los nuevos chicos modernos que destrozan las discotecas cantando joy division: ¿A dónde quedó el histrionismo compulso que te hacía navegar por oceános interminables?
Pero a pesar de todo, HOYSONRRÍO.