y cuando todos se van
(ergo nadie está)
así, sentada, tumbada, acostada, arrucada, a la sombra de una sombra misma, que en su intento de ser sombra solo se oscurecía, mientras el viento movía hojas, ruído, música, la celesta, aviones sobre oídos, pensamientos sobre fluídos.
Oxígeno anulado, los mortales que lo han robado, visitantes indeseados, la sorpresa tortuosa, la mentira es la constante de este nuevo perfil de la vida.
Un desarraigo sorpresivo, una enumeración intermitente de falencias de la existencia, como escucharte decir soyyo al otro lado de mi lado, como ver números extraños en el teléfono o percibir ese costado triste de las mañanas más radiantes, como cuando ya no me quedaba nada y todo parecía perdido, como cuando el café sabía a llanto o el mate a dolor de estómago. Como cuando abrir la heladera a las nueve AM era razón suficiente para desarmarme en mil pedazos, y pensar...
si me acostara
(otra vez)
despertaría y todo habría sido un mal sueño (yo nunca salí del sueño)
hoy son:
mañanas nulas y vacías, sabor a cerveza por la mesa
líquidos viejos en vasos plásticos
la vereda azulada
el aire húmedo de la madrugada
bondis vacíos
letras raras, miradas hostiles.
Quisiera dejarme caer sobre mi taza de té o sobre un montón de animalitos de felpa y no escuchar nada
distancia oportuna, escape adecuado, precaución, alerta
¡No se debe jugar ahora!
se pincha la pelota roja, pic pic pic pic (en degradé)... me siento sobre el cordón dibujando nada en el polvo con una ramita, esperando algo o alguien, un suceso que nos salve a todos de una vez, porque esto de estar así
vegetando
anesteciando las voluntades para evitar calamidades...
es como una especie de estado hartante, casi insano cuando a momentos parece lo mejor, parece lo mejor, parece lo mejor...
parece
pero NO.