miércoles, 25 de enero de 2012

Me compré tapones para los oídos porque todo el tiempo alguien estaba gritando.

fragil

Creo que estoy enferma. Está muy bien el dolor. El pánico. El amor. Está muy bien sentirse vivo otra vez, llorar por la piel, la enfermedad que nos atraviesa y nos cura, toda la galaxia es vana, como una virtualidad inquebrantable que nos domina, solo mi enfermedad podrá salvarme, solo el dolor podrá salvarnos, el pánico que nos tiene atrapados, el miedo, el terror. Solo eso es vida, la fobia, pensar todo el tiempo en la inmensa fragilidad que nos atrae. Como voces en el cielo.

jueves, 12 de enero de 2012

todo es demasiado

Nada duele más, aterra más, que el amor. Todo te hace llorar, cada vez menos cosas te hacen vibrar. Todo duele. Todo duele más. Todo quema más. Explota la energía adentro de uno, explota, arde, nos hace fuego, y ardor. Todo es fragilidad, una soga convertida en hilo, una fuerza cubierta de pánico, y la gente que se vuelve aterradora, todo el mundo se vuelve aterrador, todos los lugares se vuelven aterradores, todo nos da miedo ahora, ya no soy nada en mí. Nadie sobrevivirá a esa tormenta inmensa del odio, un eclipse, es la embriaguez y la resaca sin cura, la forma más cruel de suicidarse, la forma más bruta de estar muerto con la apariencia más vívida del mundo. Todo es demasiado, todo es demasiado.

miércoles, 11 de enero de 2012

Los amigos son esa porción vacía llena de aire.

40 ciudades

No puedo vivir en una habitación mirando el cielo en la ventana estrellas de nicotina parpadean entre el humo de la peste las cuatro paredes que nos protegen de la gente el humano ser irreal cargado de ficciones algo se escapa la ciudad titila tibia como caldo entre las manos como sudor entre los cuerpos las pastillas que se drenan por el baño y los gritos de los que se dejan morir en las veredas mi casa clase media es un diminuto cubículo que nos ilumina con su sombra como para evitar pensar en que todos ellos siguen vivos están ahí acechando esperando un fatal error una corrida inesperada un final inconcluso del cual sujetarse y escupir sus nuevas partes trocitos de huesos viajan despedidos en un taxi nocturno todavía queda sidra en la heladera y sus ojos solo brillan por el agua con la galaxia rígida que nos aplasta de a poquito hasta robarnos el último respiro, la última canción de la noche.