Mis nubes son acróbatas que saltan sobre la cabeza, y me siento desorientada adentro de una brújula.
Se van los extraños de mi casa, se van ellos de mi casa, los que bailan, los que ríen, los que se olvidan de tu número de teléfono cada vez que necesites ayuda. Se van los fantasmas de mi casa, mis dolores musculares, mis contracturas, vómitos, mareas, contradicciones farmacológicas hirviendo en mis venas, el tiempo cristalizado en mis pupilas y los chicos que gritan desde afuera en la vereda, robándolo todo, matándolo todo.
Me trepo a un árbol y disparo, no hay ningún motivo para reírnos esta noche, nos consumiremos como oxígeno y anularemos nuestras metas. No soñemos más con el futuro, eso nos es tan ajeno, que ya ni siquiera nos interesa. No quiero que nadie me hable de nuevos descubrimientos ni tiempo ni sentimientos. No quiero pensar en todos ustedes, siempre escapando de mis necesidades, me desarticulo otra vez, me tropiezo entre mis nudillos, al aire, al cielo, a las estrellas, a la galaxia infinita, le debo mi vida, mi finita infinitud y el deseo incansable de cambiarlo todo.
Voy a subir tan alto que nadie me podrá ver, seré un punto tan diminuto, que nadie me podrá sentir, explotaré tan fuerte que será casi como si nada hubiera ocurrido acá. Quizás por fin me vea en otro cielo.

