¿A quién le importa realmente qué hace brillar el sol? Plaf, abrís un cuaderno y se cae un papel de hace un año o dos, dibujos, basura, viromes negras que te rayaron la realidad, garabatos interminables que te podrían hacer llorar. Es que si todo lo que te hizo reír alguna vez hoy te hace llorar realmente a quién le importa la falsa eternidad, como un futuro constante, un listado de deberes interminables, la inmortalidad el peor mal.
Media dormida, en esas horas es que es temprano para y tan tarde por, comerme las canciones y las letras y los acordes, las acuarelas, los lienzos y los pinceles, las teclas, las palabras y los escritos, hasta pudrirme en la banalidad, anularme, anesteciarme de forma permanente, una jeringa que me aleje de todas las cosas que nadie quiere hacer y siempre tenemos que cumplir, responsabilidades que nadie quiere, solo anhelo no anhelar, desearía no desear, me encantaría odiarme un poco menos y escuchar mi silencio, nada más. Quemar las horas que forman palabras, mirar la hora y que no sean horas, tinta vieja en mi nariz, la mugre de la ciudad, la peste de la humanidad. Pisar cada baldosa y retroceder un mes, creyendonos la mentira de que en París es más fácil y encerrarse en una taza de café, para qué si el sueño sigue igual, a este cansancio no substancia que lo pueda combatir, no hay ilegalidad que nos alivie el dolor, el dolor de la modernidad, la mierda contemporanea, y escupirnos las pestañas con innecesaria verbalidad, ya nadie quiere vivir por más tiempo, nos cansamos de existir así que ahora fabricamos venenos, compramos venenos. Es raro pensar así, es raro SER así, suprimirse, hacerse innecesario a sí mismo, es extraño amanecer y se independiente de tu ser, pero tan dependiente del deber, solo quiero que alguien me libere de mi condicionalidad, comerse un pastel de limon y poner caras raras con el sabor ácido del merengue, mirando adoquines, tomando un té, esperando la hora de morirse otra vez, fumando en un árbol que nadie plantó, mirando pajaritos, alimentando pajaritos, pidiéndole a las nubes que se corran por favor si no les molesta hace frío hoy y el sol es lo único que tengo, en esta vereda tan desierta dónde la gente se ve tan hostil, hoy la ciudad me parece aterrar, menos mal que no nací en ningún pueblo porque hoy estaría condenadamente llorando. BUH.
Media dormida, en esas horas es que es temprano para y tan tarde por, comerme las canciones y las letras y los acordes, las acuarelas, los lienzos y los pinceles, las teclas, las palabras y los escritos, hasta pudrirme en la banalidad, anularme, anesteciarme de forma permanente, una jeringa que me aleje de todas las cosas que nadie quiere hacer y siempre tenemos que cumplir, responsabilidades que nadie quiere, solo anhelo no anhelar, desearía no desear, me encantaría odiarme un poco menos y escuchar mi silencio, nada más. Quemar las horas que forman palabras, mirar la hora y que no sean horas, tinta vieja en mi nariz, la mugre de la ciudad, la peste de la humanidad. Pisar cada baldosa y retroceder un mes, creyendonos la mentira de que en París es más fácil y encerrarse en una taza de café, para qué si el sueño sigue igual, a este cansancio no substancia que lo pueda combatir, no hay ilegalidad que nos alivie el dolor, el dolor de la modernidad, la mierda contemporanea, y escupirnos las pestañas con innecesaria verbalidad, ya nadie quiere vivir por más tiempo, nos cansamos de existir así que ahora fabricamos venenos, compramos venenos. Es raro pensar así, es raro SER así, suprimirse, hacerse innecesario a sí mismo, es extraño amanecer y se independiente de tu ser, pero tan dependiente del deber, solo quiero que alguien me libere de mi condicionalidad, comerse un pastel de limon y poner caras raras con el sabor ácido del merengue, mirando adoquines, tomando un té, esperando la hora de morirse otra vez, fumando en un árbol que nadie plantó, mirando pajaritos, alimentando pajaritos, pidiéndole a las nubes que se corran por favor si no les molesta hace frío hoy y el sol es lo único que tengo, en esta vereda tan desierta dónde la gente se ve tan hostil, hoy la ciudad me parece aterrar, menos mal que no nací en ningún pueblo porque hoy estaría condenadamente llorando. BUH.
