miércoles, 5 de mayo de 2010

phobia

No hay ningún sitio para mí.
No hay ningún día para mí.
No hay ningún espacio para mí.
No hay ningún individuo para mí.
La gente solo vomita hostilidad sobre mi crisis ameboide, la gente solo nos da miedo, la gente solo nos asusta, la gente es gente, y esa es la peor parte del asunto.
La metamorfosis del zumbido desplazándose entre una neurosis constante, absorsión psicosomática de un etorno danino, con las sienes llenas de agujas, y los globos oculares que se caen rodando sobre mis hombros encorbados, mi espalda con forma de tobogán, todo se desparrama para no llegar a ninguna parte.
La fobia que consume las horas y una carrera constante dónde solamente corremos yo y nadie, cayendo, con prisa, en un lecho filoso, o simplemente el culo engordándose sobre un sillón sucio haciendo zapping entre dos canales, porque probablemnte, ni cable haya ya...
y hoy ni dormir es ya un placer
hay sueños horribles que preferimos no soñar
hay encuentros temibles que preferimos no dar
hay palabras teñidas de grises matices que se quiebran como cemento sobre la lengua
hay un peso tan grande en mis dedos
hay moscas posándose sore mis pestañas, son el vómito solar que nos vino a tocar, a humedecer, a torturar, que no quiere nada para nosotros, que no quiere darnos nada
dios salvador, dios tortuador
un ejército de túnicas dándo tumbos sobre cajas de vino barato
o sea, yo, entre las bolsas
o sea, yo entre baldosas
o sea, queda muy feo escribir así
se esfuma TODO de los bolsillos
así quedamos: pobres, borrachos y drogados
y todo lo que invocamos, llega tarde y desformado
mutilado
trastocado
y ya usado
hay una parte de la población que siempre tomará lo de segunda mano
Solo quiero derrumbar estos muros para morir golpeada por escombros mientras veo por primera vez en mi vida el puto jardín líquido.
Pero ni el martillo tengo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario