Canciones del invierno pasado practican una lobotomía en mi cabeza, un flashback infeccioso erosiona en mí, esto no está nada bien en realidad. La diferencia entre ayer y hoy es que mañana no puedo cosechar nada.
Pajaritos de agua picotean sin parar cada parte de mi cara, me llamo María, no tengo nada hoy acá que pueda importarle a la amarillista sociedad amarilla.
Ellos están corriendo tan lejos y tan rápido, y a mi me anesteciaron entre el pavimento y el vapor violeta.
No quiero nada.
Violencia entre las palamas de las manos, verbalidades acalambradas, agresiones estomacales, un nido de conejos rompen la paz y estallan como lluvia blanca sobre nuestros hombros, cansados, desfigurados, desmotivados.
Estamos mutando a indeseables, nadie soporta a esos tipos que siempre terminan borrachos en el cordón de la vereda con olor a meo y mugre en la cara, ni a esos chicos que hablan a los gritos sobre obsenidades. Nadie soporta a las gentes de ojos rojos que no se acuerdan de cómo pedir un boleto en el colectivo y se desmayan en el mismo pasillo de goma, sucio y vomitado, un espectáculo desagradable para los demás pasajeros. Nadie soporta a los esquizofrénicos mandibulistas, nadie soporta a los que nunca tienen plata.
Nadie soporta ver lo que cualquiera puede ser.
Realmente, no creo que sea necesario hoy tener que presenciar el espectáculo de mis asesinos, quizás un poco de sigilo en sus acciones sería un gesto bonito entre tantas alucinaciones.
Tengo un proyectil en cada ojo que siempre da con el lugar errado en el momento errado.
Programación de diciembre de 2018
Hace 7 años

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