domingo, 31 de julio de 2011

mañana solo es domingo

la cara de cielo que se hace infinito el pelo la nube la caja que se cierra se abre una lluvia una promesa un adios una valija la ropa sucia en el placar los goles que repican en las gargantas de los porteños aburridos en los bares tristes de cada viernes por la noche una tribuna que se deja morir entre una cerveza y algo que se rompe en el suelo la camarera mira mal un cigarrillo se apaga alguien corre apagan el despertador se deshace el nudo que nos unía con el ecuador y algo se está moviendo del otro lado del ventanal hace frío y nada queda por pensar más que el instante agudo de volver a tomar, de volver a escuchar, de volverte a mirar triste tal vez entre cosas que no tienen nombre y personas que se enajenan de sus seres, esa gente que se ríe fuerte, que estalla en mis tímpanos que se muerden las cabezas y se desangran por salir otra vez a bailar esa gente que se humedece en las paradas de colectivos mientras busca la luz sigilosa de ese segundo inesperado que lo cambia todo de un minuto y para siempre, que después de hacer bang nada vuelve a ser igual, y de esas cosas y otras hablaba el taxista mientras nos llevaba a casa un poco borrachos y un poco angustiados por algún que otro accidente que jamás había sido pronosticado. Esto solo es desvanecerse y mañana vuelve a ser domingo.

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