lunes, 18 de enero de 2010

viajes

Él se clava en el pavimento descorcha los globos oculares sobre los títulares de un diario en la avenida llena de arena y restos de sombrillas.
y siente la tinta
y las fotos
y las palabras en times new roman
quizás no entienda los esquemas políticos, ni las reales razones de la debastación, quizás lo entienda más que yo, que me siento a entenderlo con libros y él a padecerlo en sus días
Desde su voz puedo sentir la vibración inversa del aire que nos vicia
mientras yo quemo mis neuronas a base de bronceador él está tratando de sacarse un poco de azfalto de los zapatos
y preguntarle a la gente que pasa
¿qué pasa?
somos marcianos enfermos o humanos sanos, humanos enfermos o marcianos sanos
esa tarde no había luminiscencia escondida en tu desgastado bolso y yo no paraba de hablar de estupideces, futuros aburridos, prioridades invertidas mientras vos me dibujabas planos eternos de metas cruciales, y después de prometerte la salvación me fui a bailar borracha por la playa con francesas desquiciadas y canciones perfectas
en el fondo yo nunca hice nada y cualquiera diría que era yo la que lo haría todo
la madrugada era agresiva, estaba vestida como una prostituta que venía a cobrar numerosos servicios endeudados que el cliente en su vicio había olvidado, y yo estaba arrastrando mis zapatos bonitos y destruídos, llenos de piedras y arena, pensando que otra vez
me equivoqué
tan mal
que quería llamarte de haber tenido el número de teléfono que me comunicara directamente con tu cabeza
pero la movida amorosa no es funcional, yo no iba a sangrar por escucharte hablar
no puedo temblar si sé que te voy a encontrar
yo no podría llorar si decidieras partir (es que en realidad ya ni sé por qué iría a llorar ahora)
y no tuve tu número de teléfono
en realidad había pasado que varias veces en el día yo había buscado anotaciones en el reverso de la etiqueta de una cerveza
es que la verdad es que a veces estoy con tanta gente, que creo que no estoy con nadie
cuando
te
pesa
en
la
cabeza
la diferencia que te recuerda el corbatudo hipócrita
y mis amigas, que nunca tuvieron un amigo ciruja
como nosotros, que sabemos que ellos son los mejores amigos
PERO, la diferencia siempre fue
que mientras vos lo entendías yo trataba de entenderlo
y se rompió todo
bendito cristal y preguntas estúpidas a empleados del transporte público, que te escucho, de cerca, que te veo, de cerca y el cristal
el martillo decía: rompa el vidirio en caso de emergencia
pero no teníamos martillo
y no era una emergencia, no lo era para mí, no sé si para vos, no sé si para alguien, pero en su pequeño detalle, tal vez lo era, una emergencia emergente en situaciones que emergían de la ermegidumbre
mientras me golpeaban sin piedad fantasmas insoportables de pasados inborrables (la frase cliché que nunca nos debemos saltear en nuestra lírica y falsa poesía, el recurso quemado, el recurso amado, el recurso odiado) sentí brillar el metal
el metal de tu papel
dudosamente real, pero nos lob creeremos, que nos mantiene vivos, un poco vivos, en esta triste ciudad
escribí lineas más bonitas antes que esta última linea, y cerrarlo en esa linea hubiera quedado mejor, pero la idea se pierde en una injusta exlcusión
la estética es una mierda, es una mierda porque existe, y las cosas que existen solo son las que creemos que existen. por eso es una mierda.

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