domingo, 21 de marzo de 2010

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la orina del mundo es en mí una pecera
nadar sobre la superficie
nadar dentro de ese universo amarillo
ácido
ardiente
tibio
caliente
desde un lugar priviliegiado
pequeño, confortable, donde puedo ver todos los penes y todas las vaginas
habidas, y por haber, habiendo y habridas, o abiertas, o erectas
del cosmos
marea maravillosa de las pequeñas miserias diarias
el boletín informativo de la degradación huamana
la inmundicia
como triturarse los nervios golpeándome la cabeza mil veces
quizás alguien pueda explicarlo, de un modo, u otro
¿Qué pasa?
Una torre creciente de veranos congelados
Como la postal que nunca se imprimió:
sobre el suelo, el sol, y nada para pensar.
Estado resignado, sofocado, ni siquiera me tomo la molestia de perder la paciencia
por qué ya me cansé de perderlo todo
quizás un diminuto recuerdo de uno mismo
naufragando cada vez que me despierto mareada en las mañanas de resaca infernal
Algún tipo de extraño vicio altruista, como consuelo del alma, el ego en la entrega
la entrega inútil
de nada sirve servir
porque nada te sirve después
yo creo en las mentiras porque de ellas alimento mis verdades.
y punto.
y desconsuelo, pero alivio, seguro, en pensar ese viejo asunto del karma.

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