jueves, 3 de junio de 2010

asco

No sé cuántas horas quedan en un diagnóstico extraño de las sobredocis de mi sangre, de la anemia de la voluntad, de las pupilas contraídas, de la inercia sustraída, de un epígrafe tapado con barro y tierra de la plaza incendiada
Explotan autos por avenida Caseros y la gente no corre a ninguna parte, se cae en pedazos el SIDA sobre nuestros ojos y alguien viene a pedirnos cigarrillos una vez más, una tarde fría de un verano infelíz, los ocasos del terror, los sonidos más peligrosos que se funden entre los adoquines y la humedad de la noche, correré hasta alcanzarte, arrojarme contra el suelo, partir mis dientes en el cordón, morder el césped y pedir perdón, suplicar un final escrito, los decretos que la ley nos ha negado, el universo esparcido en la simple acabada de un pene olvidado, el augurio sorpresivo de un grito al fondo de la cárcel, mientras el sol entra poco y nada por mi balcón, y lo robamos
usurpamos la fotosíntesis, usurpamos las flores, nos masticamos los colores, nos deboramos las ilusiones, escupimos las verdades y nos cagamos en todas las putas hipótesis sociales sobre los fenómenos relacionales
la psicología de la alienación, la crisis de la desmotivación, los sueños al revés, las canciones sin estribillo, el solsticio sin cielo, las nubes de helio y el río cristalisado en eter
la primavera de la anestecia, un césped rosado que nos devora las entrañas , enfermedad, falta de oxígeno, me pesa la naríz y me arden los ojos, las mejillas son el fuego que nos faltó la noche anterior, la sexualidad fantasmagórica la ruptura de la dialéctica, el quiebre de la tesis, la violación de Engels la pedofilia de los cristianos, el amor de los asesinos, la ternura de los violadores, los deseos de Freud, la ramera de Anna Oh y el pasto que nos licuó las neuronas, cuarenta minutos de psicólogo o dos horas en un hotel valen lo mismo, exactamente LO MISMO
estamos en cuarentena , nos escapamos de la clase para aburrirnos del recreo, nos fuimos a la calle para querer encerrarnos para siempre, hoy no hay nada entre mis manos, no hay nada entre tus manos, somos un vómito para la ley de oferta y demanda, la pesadilla de los economistas, la aberración de la infancia, el peligro y la neurosis, la bipolaridad esquizofrénica: alguien quiere matarnos
alguien quiere matarnos
alguien quiere matarnos
desde el balcón de enfrente, entre medio malvón y los colmillos de esos viejos meados, aburridos, enchufados a su tv abajo de una lámpara de 1 wat y el empapelado color miel con flores exequícas, olor a gatos sucios, a comida saturada en grasas, las ganas de morirnos antes de caernos de rodillas
hoy
es miseria tu nombre.
mi nombre.
todos.

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