lunes, 3 de enero de 2011

sin revision

Mirá el cielo caerse sobre nuestra cabeza, otra historia de amor que se acaba antes de empezar, otro atardecer que se hace noche sin un mate de por medio, otra vez te toca girar, chocar y empezar. Otro martes entre dos martes, un sandwich de días de semana inconclusos que se van torciendo sobre mis ojos rojos llorosos lagrimosos aburridos y asoleados.
Siempre que te persiguen los cronómetros te hechás a correr, se pinchan las ruedas de la bici y el verano es otra forma del mismo demonio que nos pega durante todo el invierno haciéndonos creer que en unos meses todo cambia, pero nada cambia, hasta que me encierro entre los párpados y amanezco roca entre espuma y agua de mar.
Cuánto tiempo queda, cuánto tiempo falta, ya es tan aburrido contar, sumar y restar, ya no quiero hacer de mi vida un ábaco, hoy quiero ser un colorido álbum de figuritas dónde en cada página haya un holograma y nunca me toquen repetidas.
Buenos días Enero, no nos llevamos bien, nunca lo haremos, podríamos mejorar nuestras relaciones hoy pero creo que es un poco tarde ya. Mi edad es un número adulto y aburrido que ya ni siquiera me da alguna autoridad moral para deprimirme por cosas tontas. Qué aburrido fue ser adolescente, qué aburrido es dejar de serlo, qué aburrido es el verano, la playa monotemática y monocromática, y los chicos que vienen y se van en patineta todo el día, su mismo cuento aburrido mientras uno solo quiere pasarse el día fumando para machacar las nubes en el inconciente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario