Me gustan esos días en que me despierto y la sábana es suave y tibia, y del otro lado de la ventana escucho algunas ramas peleándose entre ojas y gotitas de lluvia, y hundir mis agotados pensamientos entre la almohada, buscando el minuto exacto y preciso en que sea necesario y bueno salir de mi caja de tranquilidad. Pero es menester, antes de eso, pensar en que es un día, otra vez, otro día, como ayer, sí, un día igual, tan igual. Y todo es perfecto, y sin mi espina sonrreír sería tan fácil.
Me gustan esos días en los que el frío nos hace a todos un poco más tímidos, y mis pies se tropiezan con ojas secas, y el sol se vuelve anaranjado justo a la hora del mate y las galletitas, depsués de haber estado besándose un poco con un cielo tan perfectamente azul, que a rato se burló con nubes espesas cargadas de helado otoño, helado invierno. Yo nunca sé qué estación es. Hay gente que sabe con mucha precición la hora, la fecha, la estación, la dispocición de las estrellas y los planetas. Yo no puedo, dependo de cierta confusión para asombrarme del detalle más minúsculo de mi rutina. Si fuera tan estructurada, todo lo que pase, sería inductivamente obvio. Y no sé, no entiendo los calendarios, las estaciones, los diagramas, los programas. Siempre le pregunto a alguien qué está pasando. Es más fácil así, porque por lo menos lo que le pasa a unos le pasa a todos...y sentimos una ilusoria sintonía, algo que nos acerca un poquito.
Me gusta caminar por el barrio como si fuera vacaciones, me gusta caminar por las veredas creyendo que no hay nada importante que hacer, me gusta reírme con mis amigos como si no hubiera ninguna razón por la que llorar antes de dormirme, me gusta charlar de esas cosas que todos soñamos cambiar, y me gusta pensar en que al final en la simplicidad está la mayor felicidad.
No me gusta escuchar tantas historias tristes, no sé qué está pasando con el mundo, en estos días, estas semanas, estos meses, está todo tan gris, como si a alguien se le hubiera caído esa agua que usamos para limpiar un pincel cuando pintamos, y mientras el papel se llena de colores brillantes, el agua toma ese color negruzo amarronado. Y así están las calles. No paro de escuchar historias tristes, a todos esos les descocieron una ilusión. Gente que está caminando por la calle con una aguja sin henebrar, con ganas de vomitar por los ojos, y te cuentan su vida con solo medio oído, sintiéndose solos y sus corazones que hacen clinc clinc clinc porque están como cuando se nos rompe algo de vidrio adentro de una caja, sin darnos cuenta. Están así, estamos así. No podemos entender qué pasó, porque el mundo se puso así, y por qué estamos todos tan llorones de forma tan masiva. Ah, pero con el bendito orgullo, nos compramos lentes de sol para esconder el largimón, y un disfraz de colores para no extrañar esa primavera que el otoño nos robó. Que ya no vamos a reír más, que ya nada es igual, que nada es lo mismo desde que no está más, así nos autotorturamos día a día, el mismo discurso depre que nos estanca y nos hace de yeso, pocos meses, pocas semanas, demasiado poco tiempo para curar tanto dolor. Pero nos volvemos impacientes, tanto tanto, que no queremos ver más la hora, no queremos saber más el día, el futuro se avecina, no vemos ya niguna promesa en ninguna parte. Que la vida se extinguió cuando murió el amor, eso nos dicen todo el día, nos repetimos todo el tiempo ¿Quién nos va a dar ahora esa mano que nos levante?
Propensos a la ilusión, pero más aún a la desilución, a nadie le gusta estar solo, a nadie le gusta perderse dentro de la propia perdición.
Una flor magenta en parque lezama o salir a comprar facturas a las diez de la mañana, jugar con las palomas en la plaza o un café con leche, son así, como dibujos con crayones sobre los vacíos paredones, mientras esperamos que los vuelvan a pintar, los inundamos de garabatos. Como cuando eramos tan felices, los juguetes perdieron su vida, ahora estamos hechos de cartón con vestiditos de papel. No hay piel en el desgano, solo la intriga de qué pasa mañana, ¿Y hoy, quién nos salva?.
Y de paso el video ideal para un día fríamente melancólico o melancólicamente frío.Ah, qué gay.
http://www.youtube.com/watch?v=YGIhhPP4i_E&feature=related
Me gustan esos días en los que el frío nos hace a todos un poco más tímidos, y mis pies se tropiezan con ojas secas, y el sol se vuelve anaranjado justo a la hora del mate y las galletitas, depsués de haber estado besándose un poco con un cielo tan perfectamente azul, que a rato se burló con nubes espesas cargadas de helado otoño, helado invierno. Yo nunca sé qué estación es. Hay gente que sabe con mucha precición la hora, la fecha, la estación, la dispocición de las estrellas y los planetas. Yo no puedo, dependo de cierta confusión para asombrarme del detalle más minúsculo de mi rutina. Si fuera tan estructurada, todo lo que pase, sería inductivamente obvio. Y no sé, no entiendo los calendarios, las estaciones, los diagramas, los programas. Siempre le pregunto a alguien qué está pasando. Es más fácil así, porque por lo menos lo que le pasa a unos le pasa a todos...y sentimos una ilusoria sintonía, algo que nos acerca un poquito.
Me gusta caminar por el barrio como si fuera vacaciones, me gusta caminar por las veredas creyendo que no hay nada importante que hacer, me gusta reírme con mis amigos como si no hubiera ninguna razón por la que llorar antes de dormirme, me gusta charlar de esas cosas que todos soñamos cambiar, y me gusta pensar en que al final en la simplicidad está la mayor felicidad.
No me gusta escuchar tantas historias tristes, no sé qué está pasando con el mundo, en estos días, estas semanas, estos meses, está todo tan gris, como si a alguien se le hubiera caído esa agua que usamos para limpiar un pincel cuando pintamos, y mientras el papel se llena de colores brillantes, el agua toma ese color negruzo amarronado. Y así están las calles. No paro de escuchar historias tristes, a todos esos les descocieron una ilusión. Gente que está caminando por la calle con una aguja sin henebrar, con ganas de vomitar por los ojos, y te cuentan su vida con solo medio oído, sintiéndose solos y sus corazones que hacen clinc clinc clinc porque están como cuando se nos rompe algo de vidrio adentro de una caja, sin darnos cuenta. Están así, estamos así. No podemos entender qué pasó, porque el mundo se puso así, y por qué estamos todos tan llorones de forma tan masiva. Ah, pero con el bendito orgullo, nos compramos lentes de sol para esconder el largimón, y un disfraz de colores para no extrañar esa primavera que el otoño nos robó. Que ya no vamos a reír más, que ya nada es igual, que nada es lo mismo desde que no está más, así nos autotorturamos día a día, el mismo discurso depre que nos estanca y nos hace de yeso, pocos meses, pocas semanas, demasiado poco tiempo para curar tanto dolor. Pero nos volvemos impacientes, tanto tanto, que no queremos ver más la hora, no queremos saber más el día, el futuro se avecina, no vemos ya niguna promesa en ninguna parte. Que la vida se extinguió cuando murió el amor, eso nos dicen todo el día, nos repetimos todo el tiempo ¿Quién nos va a dar ahora esa mano que nos levante?
Propensos a la ilusión, pero más aún a la desilución, a nadie le gusta estar solo, a nadie le gusta perderse dentro de la propia perdición.
Una flor magenta en parque lezama o salir a comprar facturas a las diez de la mañana, jugar con las palomas en la plaza o un café con leche, son así, como dibujos con crayones sobre los vacíos paredones, mientras esperamos que los vuelvan a pintar, los inundamos de garabatos. Como cuando eramos tan felices, los juguetes perdieron su vida, ahora estamos hechos de cartón con vestiditos de papel. No hay piel en el desgano, solo la intriga de qué pasa mañana, ¿Y hoy, quién nos salva?.
Y de paso el video ideal para un día fríamente melancólico o melancólicamente frío.Ah, qué gay.
http://www.youtube.com/watch?v=YGIhhPP4i_E&feature=related

Que decir? tan genial como siempre....ojala te clonaran xd...re capa xd-*dios no puedo dejar de decir esta palabra ¬¬*
ResponderEliminar