Que no hay nada, no queda nada, en el fondo me deshago en tiras de cloroformo, masticándome por dentro, los dientes saliendo de mis tejidos, pienso en todo lo que va muriendo, no me sorprende que hoy todo sea tan distinto, pero te pediría con tanta fuerza que abras los ojos y contemples estás médulas incineradas, entenderías tras mis cejas, el cielo que se oscurece todo el tiempo, poco otoño por amar, ojas secas en la vereda, interminables café, marihuana insaciable, cielo etílico con promesas evanescentes, tiempo derrotado, los días del infierno, el sufrimiento aparentemente interminable, los días como cigarrillos inconsumbles, esperando tanto tiempo, anhelando tanto tiempo, desarticulando tanto tiempo, el tiempo que consumió mi sed. Te pediría que con tanta fuezra que claves tus ojos detrás de esta enrredadera capilar y entiendas, todo lo que el invierno tatuó dentro mío, no me simplifica caminar el pretender que todo está muy bien, que todo está tan bien, clavá tus pupilas en la sangre de mis molares, entenderías tantas cosas, esta crisis inacabable, de los descontroles bipolares, y que donde está la lógica del sigilo interminable, en amar el sol, en amar la noche, en odiar el sol, en odiar la noche, no se puede estar así, besando y golpeando la vida, alabando y escupiendo un mismo ser, un mismo todo, un caleidoscopio de mentiras se proyecta contra mi pecho y a dónde están las apuestas de los perdedores, los ganadores vacilantes, la canción más triste del mundo desde el micrófono de un bar, señor, no cante más que con esta letra usted me va a matar, los lagrimales están llenos de alfileres ¿Y hoy que se supone que pueda hacer con tanto horror consumido? Mirá el consuelo de nuestros dolores, el alivio no es un tesoro, pero lo ataría a mis muslos con tanta fuerza, es tan complicado desenredarte de las hipótesis de cada paso, mi existencia está en estado de metamorfosis y ahora quiero la culminación de la oruga, el canto del cisne, los dientes del castor, mi apendicitis terminal, el cancer que me aniquile, la morfina que me anule, la palabra final, la verdad clavada en el tenedor de una cantina, pidiendo pizza y cerveza barata, estamos escribiendo la historia de nuestras vidas con la adrenalina de los osados y los deseos fervientes de no querer nada, el orgullo de no sentir nos está dejando bastante estúpidos, ahora en serio, que alguien me explique en dónde radica el honor de enorgullecerse de no sentir nada, o pretender no sentir nada, en el preciso momento en que todo hace implosión, como una catarata floral que va desde mis nauronas hasta mis labios, y el paraíso otra vez es fuego, el cielo otra vez una mentira, espejismos constantes, y a mí que siempre me gustaron las historias, hoy no me agrada niguna, enfermizo nihilismo han inyectado los torturadores en nuestras cabezas, no sé si sea mucho pedir que no pidamos nada, por hoy, a la vida, una crisis eterna, me castiga el cronos, dónde está la risa de tu comentario, ahora anhelo criticar gente por ahí, o vestirme de exitante triunfadora, hecharle algo de maíz a las palomas, es como un ciclo inacabable, la misma película que jamás dejará de proyectarse en esta mente, dame la llave que cierre el terror del proyector, si me miraras más cerca, tan cerca, como dándole martillasos a mi ser, como si tus ojos fueran clavos, entenderías, hay fiebre en mis mejillas, hay enfermedad en mis axilas, hay deslices en mi voluntad. Hoy fallé, y mañana también. Yo no estoy hecha para andar con las cosas en lista y en orden. Yo soy de esas personas que nacemos para fallarles a todos y a alguien, si las cosas tuvieran su lógica, podría explicarte mejor que es lo que anda pasando, pero honestamente, yo nunca creí en las razones, aunque las haya buscado siempre.
Programación de diciembre de 2018
Hace 7 años

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