Qué tipos raros son los franceses. Se pasan todo el año enamorados, tomando café en alguna terraza llena de malvones, escuchando chanson, haciendo el amor todo el tiempo y bañándose en perfume, con boinas, leyendo poesía en cualquier bar y aplaudiendo con chasquidos de dedos, y las mujeres siempre hermosas (Aunque no se depilen las axilas) y los hombres siempre seductores, con gafas de sol y chalinas color rojo sobre un conjunto negro y blanco. Y se besan en los balcones, y desde cualquier ventana se ve la torre Eiffel, y en cualquier sitio es París. Con suelos de adoquines y algún bohemio tocando el acordeón en una esquina cualquiera llena de flores, todos viviendo del arte y la pasión.
Que diminuto parece el mundo visto desde el telescopio local y el mito cinematográfico. Si yo fuera francesa, seguramente diría que acá la gente se pasa el día matando vacas y tomando mate (lê maté).
París es solo una postal y la realidad es Constitución.
Que diminuto parece el mundo visto desde el telescopio local y el mito cinematográfico. Si yo fuera francesa, seguramente diría que acá la gente se pasa el día matando vacas y tomando mate (lê maté).
París es solo una postal y la realidad es Constitución.

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