Jugando al cricket con mis tripas y desmoronándome entre la inmensidad azulada, así es más díficil pensar, es más fácil respirar, cuesta tanto esperar, conjunción neuronal sin ir hacia ningún lugar, me arranco los huesos con una pinza y cuento las tripas que dejé sobre la mesa. Ahora un café y un soplo profundo a la moral, bonitos juegos nos montamos sobre el tablero, nadie nunca se esperó morir en un tic innecesario.
Si cada mañana brilla más entre hojas secas y el árbol de todos los días, cuesta menos imaginar el sol si las ojas son de su color, nubes van nubes vienen y a todo esto ¿A dónde está la felicidad? Podría gritar tan fuerte y sin embargo todo se romperá igual, que más da, ropa nueva y un local, como la fórmula secreta para saciar la intranquilidad, a quién vamos a engañar, en la efimeridad se perdió la eternidad, y yo solo fui una langosta ahogándose en el mar. Cortando con tijeras las alas de las mariposas, tan doloroso que puedo oírlas chillar y retorcerse en su propio sufrimiento, pobrecitas con sus colores desvaneciéndose y un maldito ignorante que trata de colorearlas con una tiza, y la gente que no dice gracias, y la gente que no dice por favor, y de qué me sirve toda la cortesía si en el fondo es solo por temor.
Amarrando bien fuerte la soga a un bote que ya se fué y pateando gatos en un muelle, las botas sucias de un pescador, ahora mi caña se rompió ya no queda nada que buscar, a mis ojos le puse vendas porque se resignaron a no ver nunca más el sol, si brillara tan fuerte que traspasara el paño entonces tal vez volvería a despertar, pero por ahora nos conformaremos comiéndonos la imprenta de la sabiduría con el techo imperante de una metafísica inquebrantable. Todo girando en torno a una conjunción, complicación, desconexión. Ahora solo me queda la dislexia del verbo y el suicidio de la muerte, como una pestaña que se quiebra y se encarna en las pupilas, así tan díficil debe ser pensar tanto tiempo todo el día, una máquina que no para de taladrar el papel y se siente cada vez más impulsada a hablar más, un robot, un alienígena, ahora todo es extraño.
Ignorancia fatídica entre la pluralidad del puro hablar, una universalidad que nos engaña y nos quiere impregnar de ideales de unión, ya ven, si nadie ama, si nadie odia, si nadie escucha, si nadie habla, si nadie siente, si nadie hiere, si nadie nada, nada en un mar, nada hacia nada. Alienándonos en la superficilidad del facto, cometiendo el crimen de la historia, escupiendo la biblia de los fieles y prendiendo fuego un altar que le construimos a la materialidad. Excuse usted si esto suena a verborragia profética, pero poco te queda después de unos de esos días dónde el sol se reía en tu cara detrás de una nube gris.
Si cada mañana brilla más entre hojas secas y el árbol de todos los días, cuesta menos imaginar el sol si las ojas son de su color, nubes van nubes vienen y a todo esto ¿A dónde está la felicidad? Podría gritar tan fuerte y sin embargo todo se romperá igual, que más da, ropa nueva y un local, como la fórmula secreta para saciar la intranquilidad, a quién vamos a engañar, en la efimeridad se perdió la eternidad, y yo solo fui una langosta ahogándose en el mar. Cortando con tijeras las alas de las mariposas, tan doloroso que puedo oírlas chillar y retorcerse en su propio sufrimiento, pobrecitas con sus colores desvaneciéndose y un maldito ignorante que trata de colorearlas con una tiza, y la gente que no dice gracias, y la gente que no dice por favor, y de qué me sirve toda la cortesía si en el fondo es solo por temor.
Amarrando bien fuerte la soga a un bote que ya se fué y pateando gatos en un muelle, las botas sucias de un pescador, ahora mi caña se rompió ya no queda nada que buscar, a mis ojos le puse vendas porque se resignaron a no ver nunca más el sol, si brillara tan fuerte que traspasara el paño entonces tal vez volvería a despertar, pero por ahora nos conformaremos comiéndonos la imprenta de la sabiduría con el techo imperante de una metafísica inquebrantable. Todo girando en torno a una conjunción, complicación, desconexión. Ahora solo me queda la dislexia del verbo y el suicidio de la muerte, como una pestaña que se quiebra y se encarna en las pupilas, así tan díficil debe ser pensar tanto tiempo todo el día, una máquina que no para de taladrar el papel y se siente cada vez más impulsada a hablar más, un robot, un alienígena, ahora todo es extraño.
Ignorancia fatídica entre la pluralidad del puro hablar, una universalidad que nos engaña y nos quiere impregnar de ideales de unión, ya ven, si nadie ama, si nadie odia, si nadie escucha, si nadie habla, si nadie siente, si nadie hiere, si nadie nada, nada en un mar, nada hacia nada. Alienándonos en la superficilidad del facto, cometiendo el crimen de la historia, escupiendo la biblia de los fieles y prendiendo fuego un altar que le construimos a la materialidad. Excuse usted si esto suena a verborragia profética, pero poco te queda después de unos de esos días dónde el sol se reía en tu cara detrás de una nube gris.

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